La flexibilidad laboral en Chile y las experiencias del resto del mundo

Original en El Mercurio. 

La positiva inclusión de la mujer en el trabajo, la necesaria compatibilización de trabajadores y trabajadoras con la participación familiar, la masiva aparición de aplicaciones de reparto y traslado privado en los últimos años y la inclusión de nuevas tecnologías de trabajo a distancia, han hecho necesario que el debate laboral se tome la agenda de la discusión política, social y legislativa en Chile y otras partes del mundo. A lo anterior debe agregarse que, según un reciente estudio de Randstad, los denominados “Millenials” han hecho que la rotación en el trabajo alcance sus niveles más altos en los últimos 5 años. No debe olvidarse que el derecho recoge el resultado de procesos culturales.

Al respecto, se torna vital la reforma laboral impulsada por el Gobierno de Sebastián Piñera, quien ha prometido modernizar el marco de relaciones laborales individuales para adaptarse a distintas realidades y necesidades. En este punto resaltan las modificaciones  a los pactos individuales y colectivos de jornada laboral, horarios diferidos de inicio y término, regulación de plataformas de prestación de servicios y de inclusión, protección de la infancia, entre otros.

El eco de la oposición al Gobierno y de sindicatos de trabajadores no se ha hecho esperar, catalogando el incipiente proyecto legislativo como “engañoso, populista e inhumano”, “anti familia” o “una venta de ilusiones”, demandando, algunas congresistas, “ponernos a la altura de los países desarrollados”.

Entonces cabe preguntarse, cuál es la experiencia de los países desarrollados. En España, por ejemplo, el gobierno socialista del PSOE ha impulsado la denominada “mochila austriaca”, la que acaba por anular la indemnización por despido y la reemplaza por una cuenta individual de indemnización a todo evento. El llamado del gobierno español, según el programa nacional de reformas, es a “contribuir significativamente al dinamismo laboral y la productividad”. Resulta revelador que el proyecto cuenta con el apoyo del Partido Popular y de Ciudadanos y que ya se haya intentado su introducción durante el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE).

Más avanzado en la materia se encuentra Austria, país que por medio de flexibilidad, seguridad y formación ha obtenido el galardón del “milagro austriaco”, tendiendo a la baja en la tasa de desempleo, aumentando la productividad en el trabajo y potenciando el desarrollo de los trabajadores. Similares vivencias han tenido Francia y Alemania, países que aumentaron las modalidades de adaptabilidad de la jornada e impulsaron normas para compatibilizar el trabajo y la familia entre los años 2017 y 2018.

En el continente americano la experiencia no ha sido disímil: en Brasil, por ejemplo, desde noviembre de 2017 se encuentra vigente la legislación que rompió el régimen establecido en 1943, potenciando los acuerdos individuales en materias de jornada horaria y trabajos intermitente.  

En esta línea, la Organización Internacional del Trabajo (agencia de la ONU) ha avalado e incluso impulsado medidas que tienden a dar más soberanía a los trabajadores sobre su tiempo en el laboral, agregando que “los empleadores y los trabajadores deben invertir esfuerzos en elaborar acuerdos sobre la ordenación del tiempo de trabajo que permitan a los trabajadores elegir los horarios de trabajo, sujetos a las necesidades que tenga la empresa de una mayor flexibilidad”. destacando el diálogo social como un motor de acuerdos innovadores. En la misma línea, el Banco Mundial se ha pronunciado en pos de reformar las normas para que las empresas y los trabajadores se adapten a los cambios en la naturaleza del trabajo, teniendo como objetivo el equilibrio de seguridad y flexibilidad, siendo ello rescatado en el mensaje de la reforma impulsada por el gobierno de Chile Vamos.

En este orden, el incipiente debate nacional en materia de legislación laboral no debe analizarse desde la típica perspectiva política de la trinchera o desde el ya viciado prisma de la Guerra Fría. La experiencia mundial nos habla de proyectos – en debate y ya en régimen- que no obedecen a políticas de derecha o izquierda, sino a la adaptabilidad del derecho a la realidad social. Chile tiene hoy el inmenso desafío de regular las relaciones laborales teniendo a la vista un mundo que avanza a niveles impensados. Debiendo construirse un modelo con personas flexibles en el mundo del trabajo y un poder estatal garantizador de protecciones sociales, tal como ha ocurrido en países como Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia e Islandia.

Diego Nodleman Pérez

Abogado Socio

Canales Parga Abogados Laborales

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